Àlex Durà Díez

Textos

  1. Lo eterno de lo efímero

    A veces un instante lo podemos convertir en eterno.
    No todo el mundo tiene el talento ni el don de hacer esto. Sin duda tú lo has tenido y esto es una pequeña muestra de todo tu potencial.
    Nos has dejado un regalo maravilloso a todos los que hemos tenido el privilegio de quererte y estar contigo. Convertías cada momento en especial y muchos de ellos están aquí mostrados. Qué suerte poder exponer tu esencia y la manera en la que mirabas el mundo y observabas el tiempo.

    Sé que “Vega” de Valira, era una de tus canciones favoritas y recurro a ella para destacar una frase:
    “ ... tu voz se oirá,
    tan eterna y clara en cada senda recorrida,
    juntará creando un puzzle de mi vida,
    tanta gloria en una historia nunca ha sido escrita, tu memoria vive en mi...”

    Porque tú, que convertiste momentos en eternos, serás eterno para todos. Y eterno será siempre tu arte. Y eterno será siempre mi amor por ti.

     

  2. Fotografía y arte pictórico

    Julia López de Briñas - Profesora de Cultura Audiovisual - Escuelas San José

    Cuando la fotografía inició su recorrido, desestabilizó el arte pictórico como representación fiel del instante, de la realidad. La pintura tuvo que reinventarse, igual que hoy lo hace la fotografía, en una paradójica búsqueda de captar la inmortalidad, de dejar un mensaje en el legado del tiempo que plasme nuestro paso por la vida.

    Pocas veces hemos podido ver en las paredes de un museo o una galería el reflejo de esos instantes captados por la mirada de alguien tan joven. Una mirada sabia que recoge el infinito de un paisaje de montaña, la sonrisa de una adolescente turbada de emociones, los pasos mojados por una calle reluciente de lluvia que se mira en su reflejo, los edificios vanguardistas poniéndose en cuestión, la denuncia del trabajo precario, la verdad de un rostro que es el tuyo mismo y queda atrapado en el tiempo para siempre.

    Álex supo lanzar una mirada hacia las cosas que vivía desde la seguridad de cómo quería mostrarlas. Siempre me sorprendió su capacidad de trabajo hasta llegar a lo que él consideraba el producto final. No le importaban las horas ni los vídeos que tenía que mirar para entender el funcionamiento de una cámara, los efectos que podía realizar o las técnicas que le llevaban a una visión sorprendente o nueva de las cosas más cotidianas.

    Si echo la vista atrás y regreso a sus 16 años, aquellos que coincidieron con mi clase de Cultura Audiovisual el primer año en el que impartí la asignatura, pienso en la suerte que tuve de tenerlo como alumno. Porque, sinceramente, creo que no fui capaz de enseñarle nada en aquellas sesiones, ya que se juntaron mi poca experiencia en la materia y su entusiasmo y pasión por la fotografía que llevaba ya de serie y que trataba de ampliar de manera totalmente autodidacta. Pero, en esa conjunción, disfrutamos los dos muchísimo en un espacio de creatividad que vivíamos desde el aula por primera vez.

    Desde entonces, no perdí de vista su trabajo. Le seguí la pista, orgullosa, ante todos los retos que se planteaba en este oficio de narrador de imágenes que tomó como testigo de su tiempo, de su ahora, y admiré lo que llegó a alcanzar, con tantas dificultades como le planteó la dureza de esta vida.

    En esta época de velocidad constante y de consumo compulsivo de fotografías, de instagramers y tiktokers de tres minutos, os invito a la mirada reposada y reflexiva hacia las fotografías de esta exposición. Son la muestra de su mirada hacia la vida, y de como esta convierte el instante en eternidad.

  3. Aprender a mirar

    Creo que pocas cosas tienen tanto sentido en el mundo de hoy como coger una cámara y hacer fotografías.
    Dice Byung-Chul Han en La Sociedad del Cansancio, que aprender a mirar constituye la primera enseñanza preliminar para la espiritualidad. Y en una realidad tan desquiciada como la que vivimos, mirar es un acto revolucionario como pocos. Habitamos un tiempo desbordado de palabras, de estímulos y de ideas de usar y tirar. Congelar la realidad que se nos escapa de las manos es un grito de silencio ante una sociedad del ruido.

    Mirar por el visor de una cámara es hacerle preguntas a la realidad, hacerse preguntas a uno mismo: la pregunta del tiempo, la de la belleza, la pregunta de lo invisible que nos habita y hasta si uno quiere, la pregunta de dios.

    Un buen día hace unos cuantos meses abrí en mi ordenador un pen drive con las fotografías de Àlex. Y me puse a hablar con él a través de sus imágenes. Álex dejó escritas letras de luz con las que yo iba jugando para formar las palabras de un texto escondido. A ratos sonreía al descubrir el disparo certero de una serie de intentos. A ratos me llenaba de asombro una pincelada de luz. A ratos me apasionaba al entender que una fotografía sonaba armónica como un acorde bien afinado y en un guiño de la narrativa, otras imágenes iban marcando el camino de un descubrimiento, de algunos aprendizajes o algunas certezas de la composición y los equilibrios. Hablar con alguien a través de lo que ha dejado escrito, ya sea con palabras, con música o con rastros de luz, es una tarea apasionante y profundamente espiritual.

    En las fotos de Àlex yo he encontrado vida, aire para respirar. Hay luz en los ojos de aquellos a los que mira, hay rastros de una belleza que se queda en el paladar y te devuelve cosas como cuando uno deja reposar en la lengua el trago de un buen vino. También hay latidos de vida apasionada, un grito atronador de libertad, una caricia delicada para quien está siendo mirado y muchas preguntas misteriosas y muchas sonrisas dulces que son obligadas cuando te enfrentas a un atardecer o al abismo que despliega la cima de un monte.

    La vida tiene una música extraña que no siempre comprendemos y Àlex eligió bailar aun sin entender. Llegó antes que muchos a descifrar la maravilla que contiene un instante, lo provocador que puede ser degustar una fracción de un momento cualquiera como si fuera el instante decisivo de nuestra vida. Y nos hizo este regalo de pellizcar el tiempo con unos pocos disparos para que usted y yo podamos detenernos a mirar y aprendamos a conjugar todas las formas de la palabra GRACIAS.

  4. Sensibilidad, intuición e ímpetu

    Álvaro Sanchis - Profesor del Grado en Diseño y Tecnologías Creativas (UPV)

    Ser docente en cualquier etapa educativa implica descubrir en cada curso a nuevos estudiantes, con los que compartimos tiempo, vivencias y aprendizaje. Entre los retos y exigencias de esta profesión contamos con la oportunidad de encontrarnos en las aulas con personas excepcionales. Ni la docencia telemática, ni las exigencias de los ejercicios ni el tiempo dedicado a su tratamiento impidieron que Álex destacara durante los meses que compartimos en el Grado en Diseño y Tecnologías Creativas.

    La sensibilidad, la intuición y el ímpetu con el que mostraba su visión del mundo convirtieron cada proyecto presentado por Álex en un acto de valentía y lucha constante. Esta visión, canalizada especialmente en su trabajo fotográfico, nos muestra las inquietudes de un joven comprometido con su tiempo, cercano a su entorno, familiares y amigos y lleno de tenacidad ante la adversidad. Los retratos, las actividades cotidianas y la fascinación por la naturaleza son temas recurrentes que no escapan de su mirada, creando imágenes de impacto que combinan una intuición natural para captar la belleza con una gran carga narrativa y emocional. En sus fotos encontramos la representación de un momento convulso, sensible, propio de la etapa en la que la adolescencia queda atrás y se inicia la vida adulta, desde una actitud inconformista a la par que empática y humana.

    Cada clase compartida con Álex fue un regalo para los docentes que tuvimos la suerte de encontrarnos con él en nuestras aulas. Su habilidad para capturar la luz y narrar con sus imágenes a pesar de toda adversidad ha hecho que su paso por nuestra facultad dejara en sus compañeras y en el equipo docente un aprendizaje imborrable. Disfrutar de su visión del mundo es uno de los grandes regalos dejados por Álex. Difundir su trabajo es la mejor manera de celebrar su presencia entre nosotros.