Fotografía

Mirando el mundo

La mirada de Àlex sobre el mundo fue evolucionando y llenándose de compromiso. De pequeño lo veía todo como un reto: mirar para aprender y ser el mejor haciendo lo que tocaba en cada momento. Por eso intentaba hacer fotos osadas por el momento captado y por la composición.

La naturaleza ha sido siempre el espacio donde más a gusto se ha encontrado, tanto por la admiración ante la belleza como por la libertad y la falta de convencionalismos y constreñimientos que tanto lo incomodaban.
Gran parte de su obra está dedicada a captar la belleza de paisajes: Pirineos, País Vasco, Peñíscola, Serra y el Garbí, las playas de València, Jávea, Dénia, Cádiz, son algunos de los espacios que aparecen en estas fotos. Su preocupación por la destrucción del planeta aparece en una de las citas y lo llevó a buscar maneras de consumir comprometidas con el respeto al medio ambiente.

También tuvo siempre sensibilidad para ver el sufrimiento y acercarse para ayudar. Primero, hacia las personas próximas y, más tarde, hacia esas partes de la sociedad que sufren las consecuencias de la avaricia y la falta de respeto al ecosistema. En la universidad hizo un trabajo sobre los riders para denunciar y poner de relieve las indignas condiciones laborales que sufren.

La música que hablaba de libertad, denuncia de la injusticia, revolución y transformación lo hacía vibrar tanto como la que hablaba de relaciones profundas y comprometidas.

Fotografía

Mirándonos

Su manera de amar (seguro de sí mismo y poco preocupado por la opinión de los demás) lo ayudaron a querer a los otros de una manera honesta, limpia, poco contaminada por los “egos” y las inseguridades que nos asedian. Era muy consciente de las virtudes y defectos de los demás; calaba como nadie el carácter de quien tenía delante. Pero, mirándolos y, quizás fotografiándolos, aprendió a respetar, a callar cuando hacía falta y a hablar poco y bien.

Muchas fotos muestran la exploración de la mirada sobre los otros y la relación de las personas con el mundo que las rodea. Sus amigos y, especialmente, su novia, fueron los modelos preferidos para adentrarse y experimentar en este arte. Àlex escribía con la luz de la fotografía. Versos de luz. Las personas aquí reunidas fuimos los primeros modelos de Àlex. Hemos acabado en sus fotos porque aprendía la técnica usándonos como punto de enfoque. Àlex veía el mundo a través de una lente y nos convertía en arte. Sacaba lo mejor de nosotros mismos por la manera en la cual nos miraba, enfocaba y encuadraba. Nuestro mejor ángulo, tal vez invisible para nosotros mismos.

Si la fotografía es luz, somos, por lo tanto, luz. Y nadie gestionaba mejor la luz que Àlex.

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Mirando dentro

¿Cómo es posible mirar adentro cuando se dispara una cámara? Algunas de las primeras fotografías artísticas ya hablan de esta introspección que nos adentra en el complicado universo de la reflexión. La serie “Don’t think” critica la excesiva exposición en las redes, así como la pérdida de control personal y de libertad.
La mirada siempre es el punto de partida.
Siendo como era una persona que buscaba la seguridad, aquello que conocía (controlaba) era su opción preferida. Aun así, Àlex tuvo que enfrentarse no solo a las dudas normales de un joven adolescente, sino también a la peor duda con la cual se puede convivir: la incertidumbre de la vida. Esta inseguridad fue un revulsivo y espoleó su impulso creativo como se ve a su video “La motivación”.

Su gusto por grupos y cantantes como Vetusta Morla, Txarango, Valira, Xavi Sarriá, La Raíz, Juancho Marqués y la MODA, entre otros, con letras poéticas que hablan de la búsqueda de sentido en la vida, de dolor, de lucha, de coraje y de esperanza, expresan por sí mismas nivel de madurez que tenía. Sus canciones preferidas hablan bien de él.